Seguimos sin levantar cabeza

Es así de simple.

Ante un Madrid o un Barcelona no puedes perdonar y eso es precisamente lo que ha hecho el Sevilla en los primeros 30 minutos de partido.

De inicio Jiménez ha decidido alinear a Romaric, Renato y Duscher en el centro (¿por que no haría lo mismo en el Camp Nou sabedor de que enfrente iban a estar Xavi, Iniesta y Keita?), con Perotti y Navas en las bandas dejando así al renqueante Luis Fabiano en el banco.

En los primeros minutos los nuestros han apretado, han achuchado al rival y se han contagiado del tremendo ambiente que se respiraba en Nervión. Era el Sevilla que todos queríamos, el de la casta y el coraje.

Y así, apretando desde el portero hasta el delantero, el Sevilla ha embotellado a un R.Madrid que sólo podía verlas pasar. Tanto dominio daba sus frutos y en una internada por banda de Perotti, Renato remataba de cabeza el gol que hacía justicia a los visto hasta el momento.

La cosa no se quedaba ahí y los nuestros insistían una y otra vez intentado hacer el segundo, pero ni Perotti ni Kanouté acertaron con sus oportunidades (clarísimas) y ahí se acabó el Sevilla.

Cuando el descanso era inminente y en una jugada aislada, Metzelder se levaba un balón rebotado, le daba el pase de la muerte a Raúl y ésta hacía el empate.

El Sevilla había perdonado y veía como todo su dominio se había quedado en nada.

En la segunda parte todos teníamos la esperanza de volver a ver al Sevilla de los primeros minutos, pero rápidamente nos dimos cuenta de que algo no iba bien. Los jugadores, igual que hicieron en el Camp Nou, mostraban una actitud parsimoniosa y el Madrid le pasaba por encima.

Jiménez daba entrada a Luis Fabiano para intentar cambiar algo pero no era la tecla acertada y en tan sólo unos minutos, Raúl se encargaba de darle la vuelta al marcador con dos goles en tan sólo 3 minutos, muy ayudado por la defensa y Palop.

El Madrid se veía con un marcador holgado y con un rival abatido, lento y falto de chispa.

Sí, ese era nuestro Sevilla, un equipo plano, inoperante, anodino y lento.

Jiménez seguía con el carrusel de cambios intentado cambiar la dinámica del partido y daba entrada a Maresca por Romaric y a Capel por Perotti, pero el ritmo del equipo era el mismo.

En una jugada aislada, S.Ramos cedía el balón a Casilla en un centro al área sin darse cuenta que Capel entraba por detrás. Un toque sutil y el 2-3.

Ahí se volvió a abrir el cielo para los nuestros, pero más por ganas que por fútbol, pues todo se encomendaba a los balones colgados.

Cuando el equipo estaba totalmente volcado en busca del empate, una jugada del Madrid dejaba a Marcelo solo ante Palop al que batía con facilidad y daba al traste con las pocas esperanzas que todavía teníamos los sevillistas.

El objetivo de la Champions se complica, aún más con la victoria del Villarreal esta tarde en Getafe, y los perseguidores se colocan a tan sólo un punto cuando la semana que viene el equipo visita al equipo castellonense.

Visto lo visto, mucho tienen que cambiar las cosas para poder mantener la plaza de Champions, básicamente por que con esta actitud no seremos capaces de ganarle a nadie.

La parte positiva es que todo, todo, depende de nosotros. Está en nuestras manos cambiar la actitud mostrada en estos últimos partidos, dar un vuelco a esta situación haciendo un último esfuerzo.

La grada ha demostrado esta noche que por ellos no va a ser, que el sevillismo va a seguir ahí como lo ha hecho siempre cuando nos hemos visto en peores situaciones.

Nosotros no vamos a bajar los brazos, el problema es que nosotros no somos los que saltamos al césped de los Estadios.

Es la hora de tirar de galones, de dar la cara, de demostrar que no pesa el escudo ni la presión y volver a ser el equipo que éramos antes de entrar en esta dinámica.

Es hora de levantarse.

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