El Carranza camino de Sevilla

El Sevilla vuelve a ser campeón del Trofeo R. de Carranza, uno de los más prestigiosos torneos veraniegos que se disputan en la pretemporada.

Una vez más, el partido no ha sido nada del otro mundo pero, una vez más, el Sevilla ha salido victorioso. Esta parece ser la tónica de nuestros partidos y creo que a los que nos gusta el fútbol con un poquito más de brillantez de la mostrada en estos partidos, tenemos que ir acostumbrándonos a ver a un equipo fuerte y seguro, capaz de especular 90 minutos para acabar ganando en una jugada aislada.

Ese es el Sevilla de hoy en día, capaz de presionar hasta asfixiar al rival pero incapaz luego de jugar bien el balón.

Los nuestros tiene la lección muy bien aprendida, no dan un balón por perdido, pelean hasta la extenuación, no se complican con el balón en defensa y por encima de todo, presionan al rival haciendo inútil su esfuerzo. El problema aparece cuando son los nuestros los encargados de crear fútbol y ahí es donde se ven las carencias que arrastramos, muchas ya desde al temporada pasada.

Durante los 90 minutos hemos visto como el equipo no dejaba jugar a los coruñeses, recuperaba rápidamente el balón pero, tan pronto como lo tenía, lo perdía en un mal pase, una mala apertura o una mala elección de la jugada.

A diferencia de lo que pudimos ver en las semifinales, hoy eran los nuestros los que intentaban llegar al área rival, los que llevaban el peso del partido, pero sin saber traducir ese dominio en ocasiones de gol.

Al final del primer tiempo, la sensación de superioridad era clara, pero el marcador seguía como al principio y volvíamos a tener la sensación de que los primeros 45 minutos habían vuelto a sobrar.

En la reanudación la cosa pintaba igual pero parecía claro que, tarde o temprano iba a llegar nuestro gol. Ver un partido de los nuestros empieza a parecerse a un partido de la selección italiana, sabes que el tiempo va pasando, que el partido es lento y sin fútbol, pero sabes también que en una jugada aislada la calidad de alguno de nuestros jugadores va a resolver la papeleta.

Y así ha sido.

Tras unos momentos de dominio deportivista, coincidiendo con la entrada de Valerón al campo (que gusto da verle jugar, qué forma de ver el pase que nadie ve…¡Del Nido fíchalo!), los nuestros han vuelto a ponerse el mono de trabajo, y en una jugada a balón parado botada por un magistral Duda, Escudé ha rematado al fondo de las redes de Aranzubia el gol que a la postre nos ha dado el torneo.

Era lo que se esperaba, lo que se veía venir.

Es como si siempre hiciésemos lo justo, ni un pizca más.

Y con ese poquito el Sevilla sigue agrandando su leyenda y se vuelve a coronar campeón, por segundo año consecutivo, del torneo veraniego por excelencia.

Antes de acabar creo que es justo elogiar a Adriano por el gran partido que se ha marcado, así como a Duda y Varas y confirmar que a Koné le falta gol, pero sobre todo las ganas de intentarlo, pues una y otra vez cae en el error de querer meterse dentro de la portería con el balón.

Este es el Sevilla que tenemos, un equipo con mucho oficio y las ideas claras, que no enamora con su juego pero que vence, aunque no convence, siempre con la ley del mínimo esfuerzo.

Han sido dos partidos sin brillantez pero con mucha eficacia, en los que nos hemos enfrentado a rivales de categoría y donde hemos ganado los dos partidos sin encajar un solo gol.

La receta funciona, puede gustar más o menos, pero por ahora funciona.

Somos campeones…otra vez.

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